¿Qué sabor tienen tomates verdes fritos?
¿Se puede comer tomates verdes crudos? ¿Y si los freíramos? ¿No es esa la receta de la última cena?
¿Cuándo apareció el tomate en Europa?
Siglo XVI. Las semillas de tomate, escondidas en unos barcos españoles, cruzan el Atlántico para llegar del Viejo al Nuevo Mundo. Al principio, los europeos las miran con recelo, pero acaban encontrándoles un lugar entre las plantas ornamentales y les otorgan un nombre casi nobiliario: «pomi d’oro», es decir, manzanas de oro.
La planta recién llegada daba frutos dorados (no rojos, como los de hoy en día); ¿será obra del diablo? Por si acaso, quizá sea mejor no comerlos…
Pero, al fin y al cabo, los viajeros que visitaron el hemisferio occidental contaban que los habitantes de allí (aunque muy diferentes de los europeos) comían tomates. ¡Y sobrevivieron! Así lo escribió en la segunda mitad del siglo XVI el franciscano Bernardino de Sahagún, quien en su obra enumeró los distintos tipos de tomates y los usos que les daban los indígenas. ¡Seguro que el monje no mentía!
Daba ganas de probar las novedades… Y al final, algún atrevido (¿o quizá fueron varios?) se arriesgó la vida y comprobó si realmente eran mortalmente peligrosas. Resultó que no. ¡Qué suerte!
Sin embargo, los tomates no se ganaron de inmediato la aceptación del público en general, sobre todo porque se las clasificó como perjudiciales para la salud. Para ello se aplicó la patología humoral, muy popular en aquella época, y se concluyó que eran húmedas y frías y, por lo tanto, nocivas.
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¿Cómo sería el mundo sin tomates?
¿Con qué servirían los italianos pizza y pasta?
¿Cómo sería Cataluña sin pa amb tomàquet y Polonia sin bocadillo de tomates y cebolla?
¿Con qué servirían patatas fritas en McDonald´s y si full english tendría el mismo sabor?
¿Existiría una fiesta parecida a Tomatina?
¿Cuál sería la sopa favorita de la infancia si no la de tomates?
Gracias a los valientes que se atrevieron a probar los tomates, no tenemos que planteárnoslo. ¡Y el mundo es mucho más sabroso!
¿Es venenoso el tomate verde?
Es difícil imaginar una cocina sin estas deliciosas hortalizas, aunque el miedo a los tomates no ha desaparecido del todo. Ya no nos dan miedo los tomates maduros, pero los verdes… ¡Esos sí que son venenosos, sin duda!
Esta idea errónea se debe probablemente a que los tomates pertenecen a la misma familia que las patatas. Afortunadamente, los tomates inmaduros y sus partes verdes no contienen solanina, sino tomatina. Se trata de un glucoalcaloide cuya concentración disminuye a medida que el fruto madura. Según la Dra. Małgorzata Kalemba-Drożdż, tendríamos que comer más de 6 kg de tomates verdes y más de 1,5 kg de hojas para ingerir una dosis tóxica. Y, como bien señaló esta doctora en bioquímica: «¡Mostradme a alguien que se coma 6 kg de cualquier alimento y no se sienta mal después!».
Así pues, no es tan fácil morirse de los tomates. Ya en el siglo XVIII lo observó el botánico polaco, Jan Krzysztof Kluk, al escribir: «Esta planta tiene un olor débil, pero sospechoso. […] Antiguamente se atribuía a las bayas de esta planta un poder embriagador, pero erróneamente: pues ningún experimento lo ha confirmado». Además, señaló que:
en Italia y en algunos otros países se consumen [tomates] inmaduros con vinagre y sal con lechuga; y aquí mismo he visto cómo se utilizan salsas elaboradas con tomates maduros para acompañar platos de carne sin el más mínimo inconveniente.
Kluk K., Dykcyonarz roślinny…, t. 3, Warszawa 1788, pp. 88-89.
Los tomates verdes podemos fermentar, encurtir y freír. Sirven también para hacer mermelada, confitura y chutney. Y para los más atrevidos, también recomiendo las hojas tiernas del tomate: para un bocadillo o para una ensalada.
Imbaduros, pero sabrosos
Verano de 2026. Caprichoso. A veces sol, a veces lluvia. Mucha lluvia. A veces, demasiada. Los tomates empezaron a madurar ya en julio, pero no todos se han vuelto de un rojo intenso ni de un amarillo brillante. El verano ha terminado y los arbustos se doblan bajo el peso de los frutos verdes. Es hora de poner en orden los bancales: de todos modos, no hay suficiente sol para que los tomates que quedan puedan madurar y adquirir su dulzor característico.
Ha llegado la temporada de tomate. O, mejor dicho, de poner en práctica una receta que solo conozco de oídas. Para ello, he recurrido al libro de Fannie Flagg Tomates verdes fritos y he encontrado allí las recetas que se servían en Whistle Stop Café, la cafetería famosa de esta novela. También me he inspirado en las ideas de Dra. Kalemba-Drożdż que aparecen en Tesoros del jardín (Skarby ogrodu).


Receta de tomates verdes fritos
- ¼ de vaso de harina de garbanzo
- ¼ de vaso de agua
- 2 cda de levadura nutricional
- ½ cdta de sal
- ¼ cdta de pimienta negra
- opcionalmente, panko (pan rallado japonés)
- 4-5 tomtes verdes, inmaduros
- aceite de oliva para freír
Mezclo la harina con el agua y las especias hasta obtener una masa homogénea. Corto los tomates en rodajas – no más gruesas de 0,5 cm – y los rebozo en la mezcla. Si quiero, puedo rebozarlos en panko; así quedarán crujientes. Caliento una cucharada de aceite de oliva en una sartén y frío los tomates verdes hasta que se doren. ¿Son tomates «pomi d’oro»?
Están deliciosos sin ningún acompañamiento, pero una salsa a base de yogur con un toque de aceite de limón les irá muy bien.
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Tomates verdes fritos es el título de un libro que nunca he leído y el título de una película que nunca he visto. ¿Quizás ya sea la hora de hacerlo? Sin embargo, este plato del título me intrigaba desde hacía mucho tiempo. Mis propias pruebas me han demostrado que los tomates verdes fritos están ricos. Y he confirmado los descubrimientos de los intrépidos de hace siglos: no son venenosos. 🙂
¿Todavía hambrientos?
Más sobre tomates, también estos fritos y verdes, podéis leer aquí (CLIC):
- de Sahagún B., Historia general de las cosas de Nueva España, t. III, México 1938.
- Flagg F., Smażone zielone pomidory, traducción A. Możdżyńska, Karków 2015.
- Kalemba-Drożdż M., Skarby ogrodu, Bielsko-Biała 2021.
- Kluk K., Dykcyonarz roślinny, w którym podług układu Linneusza są opisane rośliny nietylko kraiowe […] ale oraz y cudzoziemskie […] z poprzedzaiącym wykładem słow botanicznych y kilkorakim na końcu regestrem, t. 3, Warszawa 1788, pp. 88-89.
- Mętrak-Ruda N., Buongiorno, pomidory, „Kukbuk” 1(58)/2026, pp. 174-179.




